La Calcina” ha sido siempre el nombre del lugar que ofrecía hospedaje, posada primero, hotel ahora.
También el café, come se ve en la vieja fotografía, se llamaba La Calcina. Luego se llamó también Vapore y Cucciolo (Cachorro). Ahora La Piscina.
Nombres diferentes para un local y un lugar histórico de Venecia, a los pies del Ponte della Calcina en Zattere.
Según un testimonio de fines del 1600, aquí tenía lugar la estación de las piedras cocidas y de la argamasa, y los almacenes de los “calcineri” (vendedores de cal).
Bajo el Ponte della Calcina, construído en el 1840, transitaban las embarcaciones cargadas de cal y de piedras.
Tal cual aparece en las lápidas que están arriba del número 782 (dirección de La Calcina), ésta era la casa donde vivió y murió, en el 1750, Apostolo Zeno, poeta cesáreo y precursor de Metastasio.
En sus manuscritos de la Biblioteca Marciana, Rossi habla del “Caffè della Calcina” como de un lugar concurrido por diferentes “artistas bohemios”; el istriano Bortolo Gianelli, Antonio Zona, Ippolito Caffi, L. Borro, Dom. Fabris, Andrea Scala, los hermanos Ghedina y Francesco Maria Piave, autor éste último de los libretos de algunas de las obras más conocidas di Giuseppe Verdi.

Desde el 13 de febrero al 23 de mayo de 1877 John Ruskin se aloja en la Pensione Calcina; entre los huéspedes de la misma figuran también el investigador alemán Gustav Ludwig y el escritor francés André Suarès.

El escritor francés Buisine en su libro “Ciels de Tiepolo” describe su despertar en una habitación de “La Calcina” y cita a otro amante de ese lugar, Henry de Régnier.
Una fotografía del 1909 muestra a Marie de Regnier y Jean-Louis Vaudoyer sentados en la terraza del bar que entonces se llamaba “Vapore”. Il 14 de mayo de 1912 Rainer Maria Rilke escribe desde el “Ponte Calcina Zattere 775” una carta dirigida a la princesa Marie von Thurn und Taxis-Hohenlohe.
En el 1966 Giuseppe Berto, el grande escritor de Mogliano Veneto, escribe esto en su novela “La cosa Buffa” (La cosa cómica). “En aquel tiempo de mediados de invierno aun cuando Antonio se dirigiera cada tarde de sol a la terraza del café de Zattere, vale decir a un lugar para nada desagradable sino, más bien regocijado por los escasas cosas lindas que se pueden enontrar en una ciudad...”.

Hoy el café se llama “La Piscina”, para mantener vivo en la memoria un “pedazo” auténtico de Venecia: la vieja estación balnearia llamada Piscina Passoni, que ya en los años ’60 era un lugar de deportes (natación y water polo), pero también de encuentro y de distracción para muchos venecianos.